martes, 4 de septiembre de 2012

Música cósmica


Este párrafo lo escribí en el prologo de mi novela “El Saltador de Estrellas” y lo pongo como introducción:
“Me basé en la idea de que todos los componentes y átomos en nuestro Universo tienen una escala vibratoria, movimiento u onda. Desde la partícula más básica hasta la misma luz. Todo en nuestro cosmos tiene una vibración; la diferencia entre muchas de estas, a grandes rasgos, es la velocidad con la cual se mueven o vibran, o sea, cuán corta o larga son las crestas de la onda. En conceptos de música o sonido, tengo entendido que esto tiene que ver con cómo suenan las notas. Incluso sé que, si las crestas están demasiado juntas, el sonido (para nuestro oído humano) se vuelve inaudible, se convierte en ultra-sonido. Tomando este principio pensé entonces en el Universo completo y en el balance intrínseco que existe en éste. Todo está equilibrado en la naturaleza de nuestro mundo y así mismo lo está en el resto del cosmos. Es en sí, el ciclo de la vida, un gran movimiento armónico. Si de éste –o incluso del cosmos– pudiésemos oír o captar el movimiento vibratorio de cada una de sus partículas interactuando, apuesto que oiríamos una gran melodía cósmica, la música de la Creación.”
Tratare de explayar mejor esta idea.
Esto, como bien dice el párrafo, se da a nivel del universo completo contando sus galaxias y a nivel de lo que hoy se llama física quántica (que toma en cuenta componentes más pequeños que los átomos). Para plasmar la idea mas claramente sería que el conjunto de elementos que por ejemplo forman un átomo (protones, neutrones y electrones) tienen cada uno de ellos un movimiento propio, o sea una vibración y por ende una onda que se podría traducir en música. Ellos por separado se mueven de una forma y una velocidad diferente y por ende la música (vibración/sonido) propio que emitirían sería diferente, pero en su conjunto o sea cuando forman el átomo todos aportan su porción de la melodía y por ende generan algo nuevo; como la sumatoria de instrumentos que forman una banda y por ende una melodía diferente a la que cada uno hace por separado.
Este concepto se podría aplicar a toda la escala como bien dije al principio. O sea que el conjunto de átomos que forman una molécula formarían una melodía (o banda) nueva. Por su parte el conjunto de moléculas tendrían una melodía nueva (lo que  llamamos proteínas) y así sucesivamente hasta alcanzar la escala del cosmos completo y como en el conjunto de todos los instrumentos se forma una orquesta estos tocan así música cósmica.
Pero quiero detenerme en el proceso del ser humano. Si nosotros también somos partes del cosmos aunque a veces queramos negarlo o peor sentirnos superiores y por ende por encima de todo. Nosotros también estamos compuestos de todos estas partículas, átomos y moléculas que de por si tienen su propio movimiento. Todas están tan equilibradas y suenan (por así decirlo) tan en armonía que pueden formar un cuerpo humano y permanecer en ese estado a lo largo de toda una vida. Lo único que se necesita es que se mantenga con energía, aquello que le proporciona el movimiento a las partículas y por ende pueda continuar la música sonando (por así decirlo).
Por ende nosotros tenemos nuestra propia música. Pero como todo instrumento podemos comenzar a desafinar. Continuando con la idea, cuando somos niños sabemos entonar mejor la melodía, pero a medida que vamos creciendo podemos comenzar a desafinar y como todo instrumento mientras mas se usa (y si se llega a tocar peor) mas desafina. Esto si no nos tomamos el trabajo de afinarlo regularmente como se hace con los instrumentos.
¿Cómo se hace esto? Simple, con el mejor diapasón que tenemos, nuestro propio corazón. Escucharlo en silencio es la forma en la que podremos encontrar el tono correcto de nosotros mismos.
Hay que tener en cuenta que espíritu y materia no van por separado en el hombre (a pesar que parece que en occidente nos esforzamos por romper esta unión constantemente). Por ende es de esta forma que iremos logrando la armonía, la melodía de nuestro propio interior.
Hay que tener en cuenta, que como dije al principio, el conjunto de los más pequeños forma una nueva melodía y así funciona también entre las personas. Tomando en cuenta por ende que cada uno de nosotros sea o funcione como un instrumento de una orquesta, dependiendo si afina o desentona, si es grave o agudo, si suena mas dulce u oscuro será la música que produzca a su alrededor y de ahí la que escuchara el resto (incluso si no es del todo consiente al percibirla). De ahí que si nosotros entonamos se les va a hacer más fácil a quienes estén a nuestro alrededor afinar y por el contrario si nosotros desentonamos los otros seguramente desafinaran en conjunto con nosotros porque es más difícil seguir la música principal cuando mi rededor es confuso.
De aquí tenemos que tomar en cuenta que si cada uno toca una melodía diferente es el conjunto de nosotros en nuestra totalidad lo que hace que el mundo suene como lo hace hoy.
He aquí entonces que si queremos un mundo mejor debemos comenzar a afinar nuestro interior porque dependiendo de la melodía que este emita será la música que suene a nuestro alrededor; y así transformando nuestro interior transformaremos nuestro rededor.

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